martes 9 de junio de 2009

INSEGURIDAD CIUDADANA

Para poner fin a la inseguridad ciudadana


La inseguridad ciudadana es un problema grave que afecta, en primer lugar, a los trabajadores.
También en esto, los trabajadores son el sector más vulnerable de la población; no tienen las murallas ni la seguridad privada que los proteja del delito.
Todo lo contrario, son el blanco de la coacción policial, del gatillo fácil y de las patotas estatales.
La falta de seguridad ciudadana es el signo más contundente de la descomposición del Estado, porque tiene que ver con la vida de las personas.
Esa misma descomposición del Estado ya está presente en la inflación y en la adulteración del Indec; en el saqueo de la ANSES para pagar la deuda externa o para subsidiar a las General Motors y Fiat; en la fuga de 45 mil millones de dólares desde finales de 2007; en el crecimiento de la mortalidad y la desnutrición infantil; en la propagación del dengue y el derrumbe de la salud pública; en la corrupción en los contratos entre la administración pública y los grupos capitalistas; en el fomento de la especulación inmobiliaria, por un lado, y el desalojo violento de los vecinos que no tienen ningún acceso a la vivienda propia; en fin, en el adelantamiento de las elecciones, los candidatos truchos y la preparación del fraude.
Gran parte de los jefes policiales y del propio sistema judicial proviene de la dictadura.
El delito organizado se aloja en las estructuras del Estado, y el ‘menor' en las estructuras de punteros de organizaciones de los partidos tradicionales, con vínculo en la justicia y la policía.
La principal estructura del delito es la cadena del narcotráfico, que va desde la producción ilegal, los bancos, las salas de juego, la especulación inmobiliaria, los gobiernos y los punteros políticos.
Otras estructuras ‘menores' involucran a los gobiernos municipales, que amparan a los desarmaderos o basurales clandestinos.
El sistema capitalista se ha transformado en un gigantesco negocio ilegal, por la simple razón de que este negocio asegura la mayor tasa de beneficio cuando el resto de las actividades se derrumba en una crisis mundial.
¿Cómo pretender acabar con el delito y con la inseguridad sin atacar al aparato del Estado que lo prohíja, encubre y protege, y sin atacar al capitalismo, que se nutre como un parásito del negocio de la destrucción física y moral de la juventud y de los seres humanos?
Por eso repudiamos a los políticos que buscan criminalizar a la juventud para tapar sus propias fechorías.
El Partido Obrero es el único que tiene una salida para la inseguridad
En primer lugar, deben ser destituidas las cúpulas policiales de la Federal, de la Provincia y del servicio penitenciario, por sus múltiples lazos con el delito organizado.
Hay que desmantelar el aparato represivo.
A partir de allí, debe establecerse una fuerza de seguridad ciudadana construida sobre nuevas bases; sus cuadros deben ser reclutados y seleccionados bajo el control de la organización de vecinos y de derechos humanos.
En segundo lugar, que los libros de guardia y partes diarios de las comisarías estén sometidos al control de representantes electos; solamente así vamos a terminar con las zonas liberadas y con el gatillo fácil y los chicos muertos en las comisarías y cárceles.
En tercer lugar, planteamos la elección popular de los jueces, para que rindan cuentas periódicamente ante la población sobre sus fallos.
En cuarto lugar es necesario que los bancos abran sus cuentas y que sean directamente nacionalizados para poner fin al lavado de dinero; lo mismo vale para los casino y la especulación inmobiliaria.
La descomposición del Estado y de la sociedad capitalista no puede ni debe ser pagada por sus jóvenes, condenados a la destrucción del paco; ni el trabajador sometido a la inseguridad cotidiana; ni por las mujeres y niños expuestos a las redes de trata de personas en Jujuy, zona fronteriza.
Aquí vale también que la crisis la paguen los capitalistas, sus gobiernos.
Confronta nuestras posiciones con la de los demás partidos políticos y decidí tu voto a conciencia.

PARTIDO OBRERO


En Jujuy Gabriela A. Arroyo y Estela B. Colqui Diputadas Provinciales. Natalia Mansilla, Concejal San Salvador.
En Nación Mario Leguiza Diputado Nacional. 9/06/09

QUIEREN ENTREGARSELO A LA SEABORD


INGENIO LA ESPERANZA

POR LA MUNICIPALIZACIÓN BAJO CONTROL OBRERO Y DE LAS ASAMBLEAS VECINALES

La quiebra del Ingenio La Esperanza y su eventual venta a la Seabord Corporation apuntan a monopolizar la industria azucarera del ramal jujeño en manos del mismo pulpo propietario del Ingenio El Tabacal. de Orán.
La oferta sería de 50 millones de dólares. Hasta hasta hace poco, Roemmers ofrecía el doble... si se le entregaba el Ingenio sin la planta obrera.
El director de El Tabacal dice públicamente que hay exceso de mano de obra. Dice que El Tabacal produce 200.000 toneladas con 1.800 trabajadores, mientras que La Esperanza produce 80.000 toneladas con 2.200 obreros. Más claro agua, se vienen los despidos. No sólo está en riesgo la fuente de trabajo histórica de la zona sino también el patrimonio social de las poblaciones de San Pedro y La Esperanza.
Cuando la Seabord tomó El Tabacal, hizo un exhaustivo control médico a sus trabajadores y se despidió a muchos por “ineptitud”.
A estos antecedentes se les agregan las muertes a manos de la seguridad privada del Tabacal de dos adolescentes que tomaron naranjas para saciar el hambre mortal existente y la reciente de un chico que murió aplastado cuando era llevado a trabajar en condiciones de explotación infantil a juntar piedras. ¡Esto es El Tabacal!
El poder político jujeño, como el de Salta, es encubridor de los pulpos azucareros.
Los trabajadores tienen una salida. La Esperanza fue intervenida hace muchos años; en 2002 se decretó la quiebra. Los síndicos responden a los intereses del vaciamiento y a los partidos patronales; la burocracia sindical sindicato es responsable directa del atropello a los derechos de los trabajadores.
El Partido Obrero ha planteado reiteradas veces y lo vuelve hacer: es necesaria la defensa de este gigante bajo el control de sus obreros y de asambleas con participación de vecinos de las dos localidades. Fuera la burocracia y los síndicos. Mantenimiento de la planta actual e incorporación de mano de obra con una fuerte inversión estatal que modernice la fabrica.
El destino del Ingenio La Esperanza debe ser el motivo del debate en beneficio de la población trabajadora de San Pedro y La Esperanza.

Mario Leguiza