viernes, 3 de febrero de 2017

DECLARACIÓN DEL PARTIDO OBRERO ANTE LAS MEDIDAS DEL GOBIERNO DE MORALES SOBRE EL CARNAVAL

El carnaval no se toca
Gerardo Morales pretende regimentar el carnaval del pueblo y eso no se lo debemos permitir.
En La Quiaca ya se afinan los instrumentos para el bailecito, la cueca nos hará transpirar, la saya y la morenada que viene de nuestra hermana Bolivia serán indispensables para hacer retumbar el planeta. Un poco más allá los hermanos y hermanas de Villazón acuden urgentes para las mismas tareas. El carnaval, impregna todos los rincones de esta América latina tan diversa tan colorida. En épocas de muros, el carnaval y su heterogeneidad es una cachetada a tanta xenofobia e intento de desalojo.
El diablo del carnaval está llegando a la Puna y el silencio se destruye por los vientos que salen de los pulmones puneños a través de quenas y erkes. La mercadería que se fue acopiando en estas semanas para “las invitaciones” ocupa cada vez más espacio en los rincones de las casas. El tomate y la papa de la puna se entremezcla con el colorido del papel picado.
En la quebrada los pueblos de diferentes localidades preparan la chicha para los amigos y se están inaugurando de a poco los mojones para que estén presentables para la salida del diablo. Las pinturas rupestres de las piedras en Barrancas han empezado a moverse al ritmo del tinku que suena en alguna radio vieja. El alud en Volcán que ha sido un cachetazo por la desidia de los gobiernos de turno no impedirá que la alegría del carnaval se pegue una vuelta por la vieja estación del pueblo.
En los valles y la zona de los pericos, infinidad de comparsas familiares preparan sus ropas para “las pasadas” en las avenidas. Las ferias de la zona se pintan de colores, verduras, ropas, espumas, lentejuelas, y las telas multicolores que servirán para los trajes y vestidos hacen que los pasillos y calles de los feriantes se transformen en decenas de arcoíris callejeros. La música se entre mezcla en diferentes ritmos y melodías es todo tan caótico y a la vez tan sincronizado, es el carnaval.
En las yungas, desde hace semanas ya se escuchan los tambores y los pinkullos haciendo sonar el ritmo del PIN PIN, las rondas y manos entrelazadas y el pasito corto y arrastrado hacen de este baile una bandera de unidad y resistencia a tanto atropello. El Arete Guazu se mezcla con los corsos, donde miles de personas se acercan a ver las bellas comparsas que resumen todo un tiempo de trabajo. Familias enteras se han roto el lomo para diseñar las ropas, mientras las telas coloridas se amontonan sobre las máquinas de coser que giran y cosen a pura maña y fuerza de las mujeres costureras que al levantar la cabeza se dan cuenta que ha amanecido pero sin freno siguen trabajando para que sus niñas y niños, lleguen con las ropas de la mejor manera.
El carnaval es Jujuy, y así se vive. Miles de manos obreras, empleados públicos, municipales, desocupados, todos aprovechan el carnaval para reírse y liberarse un par de días. Sí, “liberarse” de tanta penuria y precarización de años y gobiernos anteriores, y de tantos garrotazos de gobiernos de ahora, por lo tanto el carnaval debe ser innegociable.
Ante todo esto el gobierno de Morales en estas semanas ha pretendido “ordenar”, “regimentar”, a través de los códigos contravencionales, las expresiones culturales y autónomas que ya son parte de nuestro acervo cultural. Pretender que una comparsa familiar sea lo mismo que un evento de un grupo folclórico es una burda maniobra de un ESTADO que pretende digitar absolutamente todo con el único fin del negocio y la recaudación de dinero. No les basta con los aumentos de la luz, del agua, del gas, no les basta… siempre quieren más.
Nos piden habilitaciones, permisos para ventas de bebidas, autorizaciones para cortar las calles, autorizaciones según la cantidad de gente que venga a las invitaciones, carnet sanitario, inspección técnica de bomberos, certificado de residencia. Etc, etc etc.

Mientras todo esto pasa y bajo el pretexto de apoyar el carnaval en la capital de la provincia financian una mega fiesta de LOS TEKIS y sus amigos, en detrimento del esfuerzo a pulmón de las comparsas familiares, negando u omitiendo que quienes hacen el carnaval es la gente y las familias. Denunciamos esto como una operación política a favor de los punteros políticos de turno y por negocios millonarios en contra de las tradiciones de nuestro pueblo. El carnaval es del pueblo. El carnaval es innegociable. Por eso es que le decimos NO a todo intento de regimentar las expresiones culturales populares, decimos NO al carnaval de los punteros políticos, NO al negocio del turismo en detrimento de nuestra cultura. Debemos apoyar la autonomía de los pueblos y de sus expresiones culturales que son una de las herramientas para liberarse de las cadenas de la explotación diaria.